lunes, 27 de agosto de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Relatos velados
Una vida para los cigarros, otra para las cenizas. La última para recogerlas, ecológica conciencia. En todas una cartera, donde se guardan los intereses, que le vaciaron a promesas, perdiéndole su corazón volcado en ron. Maldita la vista que se le fue al satén en la desgracia de una calada. Malditas las arrugas que acunan los recuerdos. Malditas las quimeras que le desgraciaron el amor.
sábado, 12 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
Saltan rompecabezas
Nunca se me dio bien pedir, ni recibir nada a cambio del silencio. Pero tampoco he sabido gritar, aceptando que las evidencias no necesitan demostración. Si los ojos están abiertos y ven alrededor, las miradas no existen. La fuerza solo viene con la sangre, humana y artificial, que crea lazos que solo entre ellos se entenderán. Me cuesta creer que hay nudos tan sólidos como ellos fuera del círculo y la vida parece darme la razón. Me cuesta aceptar que espero más de lo que me van a alcanzar y que, a pesar de querer el lema nacemos, vivimos y morimos solos algo se niega a que termine de grabarse en mi piel.
Con el tiempo, todo pasa con el tiempo, sudor y trabajo. En realidad me canso del tiempo y de su lentitud y velocidad fugaz, que pasa acelerando la vejez, pudriendo el espíritu. Y me canso de mirar las malditas piezas que no encajan en el puzzle, por mucho que digan que están ahí.
Y sobre todo huelo dónde está el dilema, no mi problema. Es el miedo, volando, enredándonos. Tienes miedo a escuchar las respuestas lúgubres, a escuchar las historias que se abren paso hasta mis entrañas. O tal vez te parezcan realmente patrañas. Puedes seguir en la farsa de que aquí no pasa nada, yo me cambié de página, ya no me escondo detrás de una cortina esperando ver morir las horas, ahora recojo las lágrimas incomprensibles creando un mar en el que aprenderé a nadar.
No me olvido de recordar que estoy rodeado de humanos idénticos. Pero me agota ser invisible, aunque ya empecé el entrenamiento.
Con el tiempo, todo pasa con el tiempo, sudor y trabajo. En realidad me canso del tiempo y de su lentitud y velocidad fugaz, que pasa acelerando la vejez, pudriendo el espíritu. Y me canso de mirar las malditas piezas que no encajan en el puzzle, por mucho que digan que están ahí.
Y sobre todo huelo dónde está el dilema, no mi problema. Es el miedo, volando, enredándonos. Tienes miedo a escuchar las respuestas lúgubres, a escuchar las historias que se abren paso hasta mis entrañas. O tal vez te parezcan realmente patrañas. Puedes seguir en la farsa de que aquí no pasa nada, yo me cambié de página, ya no me escondo detrás de una cortina esperando ver morir las horas, ahora recojo las lágrimas incomprensibles creando un mar en el que aprenderé a nadar.
No me olvido de recordar que estoy rodeado de humanos idénticos. Pero me agota ser invisible, aunque ya empecé el entrenamiento.
lunes, 26 de marzo de 2012
Más que indignado
Ya es hora de despotricar contra el mundo. Llevo cuatro meses sin hacerlo. Esta vez viene en forma desordenada, como otras tantas.
Lo que más me indigna es que se diga "A mí eso no me interesa.", "No va conmigo". Y que mucha gente no proteste y se quede quieta, parada, sentadita en su casa con su cerveza y su vida, de la que se lamentará, mientras ve moscas pasar. Se nota, se palpa que sus padres no lucharon por unos derechos que hoy con tristeza ven cómo se los quitan poco a poco. Pero tranqui, porque esto no va contigo.
Reforma, puedo escribirlo en mayúsculas imitando un grito, REFORMA, incluso puedo poner guiones entre las letras para darle énfasis y usar el viejo truco para tontos de la negrita, R-E-F-O-R-M-A. Por qué hacer hincapié en esta palabra. Porque reforma significa que había algo, en este caso leyes, que se ha transformado. Unas leyes existentes, que, por cierto, no aparecieron de la nada. "Es que.. ¡no cobro! ¡Tengo hipotecas que pagar!" Les diría entonces a esas personas que dejaran todos los derechos de los que disfrutan, ya que fueron conseguidos con ese mismo esfuerzo y preocupación, que no quieren hacer ni tener, de los que había detrás.
Cuando las cosas cambien, me refiero a mejor, porque cambiar ya lo están haciendo, aunque viendo la despreocupación sobre todo de los jóvenes dudo de que ocurra, quiero escuchar a esas personas que dirán cosas contentas sobre sus sueldos, sus jubilaciones, sus contratos, quiero mirarles a la cara y preguntarles si se sienten orgullosas de saber que no estuvieron allí, que no hicieron nada para conseguirlas.
Y es que esta tendencia a poner el culo en la que está inmersa tanta gente entre veinte y cuarenta años hoy en día porque le causa en el momento más estragos, como romperse una uña, que beneficios, ya no da gracia, ni siquiera irónica, da miedo. No estoy dispuesta a vivir en un país donde a ninguno nos engañan pero yo estoy muy bien y no me quiero preocupar de nada.
Y como pregunta anecdótica y bíblica digo, queridos agnósticos, ateos y existencialistas, judíos y musulmanes, inserte nombre de cualquier otra religión que no sea la cristiana, que no movéis un dedo por vuestro futuro, para no ser eso, cristianos, que bien os aplicáis esa enseñanza en la que Jesús decía "A quien te abofetee la mejilla derecha, ofrécele también la otra", ¿no?
Lo que más me indigna es que se diga "A mí eso no me interesa.", "No va conmigo". Y que mucha gente no proteste y se quede quieta, parada, sentadita en su casa con su cerveza y su vida, de la que se lamentará, mientras ve moscas pasar. Se nota, se palpa que sus padres no lucharon por unos derechos que hoy con tristeza ven cómo se los quitan poco a poco. Pero tranqui, porque esto no va contigo.
Reforma, puedo escribirlo en mayúsculas imitando un grito, REFORMA, incluso puedo poner guiones entre las letras para darle énfasis y usar el viejo truco para tontos de la negrita, R-E-F-O-R-M-A. Por qué hacer hincapié en esta palabra. Porque reforma significa que había algo, en este caso leyes, que se ha transformado. Unas leyes existentes, que, por cierto, no aparecieron de la nada. "Es que.. ¡no cobro! ¡Tengo hipotecas que pagar!" Les diría entonces a esas personas que dejaran todos los derechos de los que disfrutan, ya que fueron conseguidos con ese mismo esfuerzo y preocupación, que no quieren hacer ni tener, de los que había detrás.
Cuando las cosas cambien, me refiero a mejor, porque cambiar ya lo están haciendo, aunque viendo la despreocupación sobre todo de los jóvenes dudo de que ocurra, quiero escuchar a esas personas que dirán cosas contentas sobre sus sueldos, sus jubilaciones, sus contratos, quiero mirarles a la cara y preguntarles si se sienten orgullosas de saber que no estuvieron allí, que no hicieron nada para conseguirlas.
Y es que esta tendencia a poner el culo en la que está inmersa tanta gente entre veinte y cuarenta años hoy en día porque le causa en el momento más estragos, como romperse una uña, que beneficios, ya no da gracia, ni siquiera irónica, da miedo. No estoy dispuesta a vivir en un país donde a ninguno nos engañan pero yo estoy muy bien y no me quiero preocupar de nada.
Y como pregunta anecdótica y bíblica digo, queridos agnósticos, ateos y existencialistas, judíos y musulmanes, inserte nombre de cualquier otra religión que no sea la cristiana, que no movéis un dedo por vuestro futuro, para no ser eso, cristianos, que bien os aplicáis esa enseñanza en la que Jesús decía "A quien te abofetee la mejilla derecha, ofrécele también la otra", ¿no?
sábado, 17 de marzo de 2012
Y las noches cortadas III
No obstante volvió. Las fuerzas descargadas, la razón estancada, entre los nogales, sin su guadaña.
Olía a tierra húmeda, rocío. Los músculos no respondían, los huesos agarrotados le mantenían en la posición que sus nervios suponían por las sensaciones de hormigueo. Abrió los ojos y el contacto con el aire los hizo enrojeces. Los ojos cerrados, de repente, recordó un pinchazo, sin dolor, un golpe a lo lejos, la noche que noche se quedó. Sus miembros intentaron zafarse de una cuerda invisible que lo maniataba e imágenes, escenas, se acercaban a su memoria.
Recordaba estar muerto, recordaba la calidez que había sentido hinundarle el corazón un segundo antes de que colapsara. Unos troncos desnudos abrigaban el lugar en el que se encontraba, hojas secas y mojadas hacían de manto cubriendo el suelo y una luz delgada aclaraba la capa que como una colcha de hiel tapaba el terreno. Sus piernas flaqueaban, las notaba inútiles, pero su instinto decía que debía levantarse de allí, fuera lo que fuera el sitio aquel en el que se hallaba. Incluso en esa duermevela, no se lo negó y giró el cuerpo con un impulso mínimo, el máximo que podía permitirse su estado. Se quiso preguntar si estaba vivo o muerto, si acaso se había convertido en uno de ellos. La mera consciencia de su existencia le despachó su última duda. Podría estar muerto, o vivo, pero en peligro, y su trabajo perpetuo le había enseñado a defenderse estuviera donde estuviera, mereciera la pena o no. El cambio de posición no resulto como esperaba. Giró, su brazo se apoyó, tarde, el sabor a tierra mojada. Chocó contra el suelo. Sus ojos se habían cerrado y su respiración se había acelerado. No intentó incorporarse. Shhhh Escuchaba susurros por encima de sus esfuerzos por deshacerse de ese sabor húmedo e intentar robarle oxígeno al aire.
Estaba tan cerca del suelo... y sus oídos no habían perdido práctica. Se arrastraban con un ritmo pausado, detectaba compases diferentes. Las pisadas melódicas, era como si lo llamaran. Impulso, un quejido, estaba oxidado, no, estaba vivo, quizá seguía muerto. Los recuerdos seguían entrando a su mente a raudales, pasando entre ellos un sonido y un olor podrido conectados que activaron su sangre. Se levantó casi de inmediato y sorprendió a su cuerpo quedándose quieto, sin tambalearse, y su cabeza dando vueltas, desorientada.
Los notaba cerca. Entrecerró los ojos, el viento rasgado traía el aroma putrefacto que su corazón recibió acelerando los latidos. ¿Dónde está mi guadaña?
martes, 13 de marzo de 2012
Miss Leopoldo
Señorita Leopoldo, la secretaria. No diré cómo consiguió el puesto, ya que corre peligro de perderlo si se hace público. Su jefe tenía una posición importante, una de esas que un escándalo haría pedazos. Se teñía el pelo, decía ella, pero la verdad era que el chino de enfrente le hacía descuento en pelucas los martes que iba.
Tenía una duda, de las feministas. Sabía los favores que le había hecho su jefe a cambio de ver sin ver amaneceres con él (ups, lo dije). Pero se repetía "¡Yo soy más que esto!" mientras movía al viento su melena plastificada. Su dilema consistía en si seguir en su puesto de muñeca o cambiar radicalmente de vida.
Adivinad qué pasó. Entró al chino un jueves, ¡un jueves!, y el chino sorprendido la miró. Cogió una peluca roja, que no pelirroja, y fue a pagar. "En éstas no tienes descuento." "Da igual, me voy para siempre." Dijo toda digna, orgullosa.
Y con su peluca nueva fue a la N-58 a hacer autostop. Allí, pasadas unas horas, conocío a un hombre, muy majo, pensó, que con un "¡Moza! ¿A dónde te llevó?" la acogió en su camión y así, como en los cuentos, vivieron felices y comieron muchos desayunos a base de bacon con huevos.
martes, 6 de marzo de 2012
Lunático
Yo. Soy el hijo ilegítimo. No levantaré la cabeza. No me reconocerán. Nadie podrá interponerse entre tu futuro y tú. Porque yo soy parte de ti. Porque yo siempre te amaré, madre. Caminante de la sábana oscura, ahogaré la fe que me obliga a buscar tu sonrisa. Siento ya mis ojos volverse fríos. Pero podrás conservar tu hielo imperturbable, madre, yo te protegeré de tu culpa, yo te abrazaré. Madre.
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-Se volvió loco. Se creyó Ares de verdad.
-No. Desapareció. Se lo llevó su padre.
-Dicen que se fugó con una chica de la calle.
-Que hacía la calle.
-Jajajajaja
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Una lluvia densa regaba los jardines sedientos. Dentro se oía el repiqueteo de las gotas contra el techo de metal. Tan. Tan. Tan. Tan, tan, tan. Su visión era oscura. La máscara. Bordeaba sus ojos, limitaba la luz que llegaba hasta ellos. "Mi voz fue más firme que yo. Ella quiso empezar la lucha." Suspiro. Silencio. Que era etéreo. Los preparativos siguen a su alrededor. "¡Preparaos todos! ¡Empezamos en treinta segundos!" Escuchaba cuando llegaba el momento. Cerraba los ojos, que era casi irónico con aquel metal contra su piel. Lo siento, mami, su grito de guerra.
La batalla empezaba con una melodía de piano lenta, lúgubre, sombría. Que sabía de memoria. Cada acorde, cada sonido, cada forma. Que saboreaba amargamente, como el éxito que le aguardaba. "A ti no, a tu personaje." Le decía la voz. Era sórdida. No como la que salía de su boca, que se alzaba por encima de los instrumentos quebrada, con una dulzura de ser abandonado, que necesitaba engrasarse para coger fuerzas. "Aunque mi voz tenga poder y despierte la curiosidad de este enjambre no te defraudaré, mami."
Las luces, bajas. Un flash. Un destello. Su grito, subiendo tonos como exigía la canción. Silencio, cortado por un bajo. Él respiró. Profundamente. Y su voz salió fluida. Se mezcló con el trueno al que le precedió un rayo. "Es ella." Estiró los brazos, parte del espectáculo. Seguía levantando la voz, sin aliento, con vítores haciendo eco en algún sitio. "No es a mí, no se darán cuenta." Otro trueno llegó. Él no cesaba, su voz, no, la suya, con sus pulmones a punto de estallar.
Aquella voz se convirtió en un grito aterrado y él pensó que era su cerebro sin aire. Pero algo desgarraba su espalda y allí se concentraba el dolor. El público quedó asombrado, sin aliento, al ver las alas negras desplegarse majestuosas.
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-Se desmayó, así, sin más.
-Se estrelló contra el suelo.
-¡Mi dinero! No nos lo devuelven.
-Joder tío, solo piensas en eso.
-Pero fue guapo.
-¿El qué?
-Lo de las alas. Parecía tan real...
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Sí. Me convertí en tu marioneta. Lo que siempre fui. No volveré a llamarte. No me quitaré la máscara de hierro, madre. Si tiras de las armellas, estirándome la piel, moviendo mis huesos, no gritaré. Derramaré las lágrimas de sangre a escondidas, te lo prometo. Porque soy tu ángel negro, madre. Porque yo te querré eternamente. Madre.
N/A: ¿Inspiración? ¿Explicación? Este personaje
sábado, 18 de febrero de 2012
Hacia el nuevo mundo
N: Nada especial, un día aburrido más en clase
Paseaba por encima de las piedras, la goma de los zapatos se hundía y presionaba la planta de sus pies desnudos, en carne viva por el calor acumulado en las jornadas, en la tierra arada de la huerta.
Miraba con el ceño fruncido sus pies, molesta. Levantaba los ojos y enfocaba la esquina de la cuadra debajo de su habitación. Y la de sus cuatro hermanas. Solo se veía el silencio envuelto en olor a estiércol, decorado con puntas de luces al fondo, más allá de la alambrada.
Respiraba tranquila, profundamente, sabiéndose sola fuera de la casa. Salvaba los centímetros que separaban sus manos del suelo inclinándose. Soltaba los cordones que se incrustaban en sus piernas y se quitaba los zapatos. Notaba la libertad, clara pero incierta, cuando el aire cálido de la noche suavizada la piel aprisionada, encallecida, maltratada por las espinas del trabajo constante.
El pedregoso camino en el que se encontraba no le resultaba un gran alivio, pero un paso hacia un lado sustituía la dureza por una alfombra verde que la acariciaba.
Era como la lana de las ovejas antes de hilarla. Limpia y abultada, jugaban en ella a escondidas cuando sus hermanos y sus padres descargaban las alpacas.
Abrían la puerta con cuidado, acción que no evitaba que las bisagras gruñeran de forma estridente, y de una en una entraban con cuidado al pequeño almacén donde se guardaba el material sobre una tela. Se miraban con ojos un poco tímidos, con asomo de ansiedad y la diversión queriendo salir de ellos, y era ella la primera en saltar, seguida de la risa de sus hermanas.
La lana sobre su cuerpo, alguien se lanzaba encima de ella. Reía feliz aunque eso facilitara la entrada de lana en su boca y le dificultara la respiración, hasta que oían el grito de Jaime arreando las mulas, indicando que la paja ya había sido descargada.
Corrían atropeyadamente, enmudeciendo sus risas con las manos sucias, y volvían a sus tareas, con gotitas de sudor en la frente y restos de lana en los cabellos.
Estos breves entretenimientos constituían su libertad, si bien no eran de alta alcurnia, para ellas suponían un soplo de rebeldía en sus vidas.
Arropada por la misma sensación extendía los dedos de los pies, los cerraba entorno a las hojas de hierva. Andaba con pasos largos. La camisa de lino, que hacía las veces de camisón, se levantaba por los muslos cuando estiraba los brazos para mantener el equilibrio. Y sentía su corazón desatado, sus deberes inexistentes, el dolor de sus músculos desaparecido. Sentía aquella libertad, letra por letra, que ignoraba cómo se escribía. Este detalle no carece de relevancia. La definición de esta palabra fue cambiando para ella junto con rebeldía, cuando sílaba tras sílaba se la enseñaron a escribir y surgieron ante ella un día en forma de pensamiento e inconformismo, inquietudes que, en nuestra joven curiosa, provocaron los acontecimientos que dibujaron una vida apasionada.
Paseaba por encima de las piedras, la goma de los zapatos se hundía y presionaba la planta de sus pies desnudos, en carne viva por el calor acumulado en las jornadas, en la tierra arada de la huerta.
Miraba con el ceño fruncido sus pies, molesta. Levantaba los ojos y enfocaba la esquina de la cuadra debajo de su habitación. Y la de sus cuatro hermanas. Solo se veía el silencio envuelto en olor a estiércol, decorado con puntas de luces al fondo, más allá de la alambrada.
Respiraba tranquila, profundamente, sabiéndose sola fuera de la casa. Salvaba los centímetros que separaban sus manos del suelo inclinándose. Soltaba los cordones que se incrustaban en sus piernas y se quitaba los zapatos. Notaba la libertad, clara pero incierta, cuando el aire cálido de la noche suavizada la piel aprisionada, encallecida, maltratada por las espinas del trabajo constante.
El pedregoso camino en el que se encontraba no le resultaba un gran alivio, pero un paso hacia un lado sustituía la dureza por una alfombra verde que la acariciaba.
Era como la lana de las ovejas antes de hilarla. Limpia y abultada, jugaban en ella a escondidas cuando sus hermanos y sus padres descargaban las alpacas.
Abrían la puerta con cuidado, acción que no evitaba que las bisagras gruñeran de forma estridente, y de una en una entraban con cuidado al pequeño almacén donde se guardaba el material sobre una tela. Se miraban con ojos un poco tímidos, con asomo de ansiedad y la diversión queriendo salir de ellos, y era ella la primera en saltar, seguida de la risa de sus hermanas.
La lana sobre su cuerpo, alguien se lanzaba encima de ella. Reía feliz aunque eso facilitara la entrada de lana en su boca y le dificultara la respiración, hasta que oían el grito de Jaime arreando las mulas, indicando que la paja ya había sido descargada.
Corrían atropeyadamente, enmudeciendo sus risas con las manos sucias, y volvían a sus tareas, con gotitas de sudor en la frente y restos de lana en los cabellos.
Estos breves entretenimientos constituían su libertad, si bien no eran de alta alcurnia, para ellas suponían un soplo de rebeldía en sus vidas.
Arropada por la misma sensación extendía los dedos de los pies, los cerraba entorno a las hojas de hierva. Andaba con pasos largos. La camisa de lino, que hacía las veces de camisón, se levantaba por los muslos cuando estiraba los brazos para mantener el equilibrio. Y sentía su corazón desatado, sus deberes inexistentes, el dolor de sus músculos desaparecido. Sentía aquella libertad, letra por letra, que ignoraba cómo se escribía. Este detalle no carece de relevancia. La definición de esta palabra fue cambiando para ella junto con rebeldía, cuando sílaba tras sílaba se la enseñaron a escribir y surgieron ante ella un día en forma de pensamiento e inconformismo, inquietudes que, en nuestra joven curiosa, provocaron los acontecimientos que dibujaron una vida apasionada.
martes, 17 de enero de 2012
카페
Tengo unas tremendas ganas de mantener una conversación seria que roce la estupidez, que deje de lado nuestra ignorancia por un instante. Ya sea efímero o eterno, que las palabras no dejen de brotar y de ser colocadas en un orden perfilando un diálogo que me aleje de las risas y las insensateces que cubren la comunicación, la parte esencial para socializar. No me engañes, las tonterías se hallan muy presentes, hasta la saciedad, las encuentras por doquier. Pero dónde está esa persona que me mira a la cara y me recuerda que la vida no viene con las arrugas sino con el placer. Placer de ser seducido por la sustancia, más allá de lo palpable, envuelta en unas ideologías y un bonito lazo anti-doctrinario. Parece mentira pero estoy cansada de ídolos y crisis, de las juergas pasadas por alcohol. Quiero una taza de café a sorbos de horas mientras creamos una historia entre los dos que no necesite de lo absurdo para satisfacer. Y, por qué no, un atardecer. Observando el sol deformado. Otro espejismo. Otro cambio más que temer.
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