martes, 13 de marzo de 2012

Miss Leopoldo



Señorita Leopoldo, la secretaria. No diré cómo consiguió el puesto, ya que corre peligro de perderlo si se hace público. Su jefe tenía una posición importante, una de esas que un escándalo haría pedazos. Se teñía el pelo, decía ella, pero la verdad era que el chino de enfrente le hacía descuento en pelucas los martes que iba.

Tenía una duda, de las feministas. Sabía los favores que le había hecho su jefe a cambio de ver sin ver amaneceres con él (ups, lo dije). Pero se repetía "¡Yo soy más que esto!" mientras movía al viento su melena plastificada. Su dilema consistía en si seguir en su puesto de muñeca o cambiar radicalmente de vida.

Adivinad qué pasó. Entró al chino un jueves, ¡un jueves!, y el chino sorprendido la miró. Cogió una peluca roja, que no pelirroja, y fue a pagar. "En éstas no tienes descuento." "Da igual, me voy para siempre." Dijo toda digna, orgullosa.

Y con su peluca nueva fue a la N-58 a hacer autostop. Allí, pasadas unas horas, conocío a un hombre, muy majo, pensó, que con un "¡Moza! ¿A dónde te llevó?" la acogió en su camión y así, como en los cuentos, vivieron felices y comieron muchos desayunos a base de bacon con huevos.

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