sábado, 19 de noviembre de 2011

Había una vez

Esto lo tengo por aquí desde antes de verano, nota importante.

Érase una vez... eráse una vez. Oh! Érase una vez vez un pez. Rima, tiene sentido. Es una frase útil, muy bonica, como dirían allá en cierto lugar del mapa extendido por esta parte del mundo.

Érase una vez una cigüeña que, cansada de no volar, desplegó las alas, estiró las patas, cogió impulso y se precipitó al cielo abierto, que no despejado, que separaba el campanario de las nubes azuladas.

Érase una vez un castillo, con sus almenas dentelladas y sus banderas a viento, de vivos colores ondeando y mostrando orgullosas los símbolos de sus dueños, que sobrevivía a muchas batallas y perduraba y duraba y duraba y duraba.

Érase una vez cierto compañero que marcaba con una 'x' cada casilla que veía, obsesionado con los tests que los maniáticos le hicieron repetir día tras día mientras estudiaba, problema que lo llevó a permanecer en un lugar blanco pulcro llamado pulcramente centro psiquiátrico unos meses.

Érase una vez una joven feroz, con tacones negros y un sueño cuan pan bajo el brazo, con el que quizá nació, que pisaba fuerte sobre el asfalto y avanzaba hacia la puerta del casting que la convertiría en una estrella con sandalias blancas y miles de billetes rosas bajo el brazo.

Los desarrollos son tan variados que pueden cambiar con un chasquido de dedos, un paso en falso o una droga de más en la copa de cristal (¡sí! ¡Cristal!) del castillo, restaurante o motel de mala muerte.
El enredado enredo puede variar con conocer a una chica/chico/animal de compañía que pondrá una sonrisa en sus labios para siempre, los habitantes del inmenso lugar frío, de piedra, viviendo entre las paredes de marfil imitador de mármol.

martes, 15 de noviembre de 2011

Anywhere the wind blows~

Ha sonado una versión de "Against all odds" y mi vista ha ido al título que rezaba "Live Aid 85", con Phil Collins con pelo y sonriendo ante su imperceptible error, cosas del puro directo, que hoy en día un retoque de ordenador hubiera cubierto en un instante.


Me he vuelto a transportar al pasado, al sentimiento de añoranza, de mis trece años en los que leyendo, cuando las que se hacían llamar mis amigas buscaban chicos a los que mirar y yo me dedicaba a devorar bibliotecas, descubría entre palabras el título "The evil that men do", del que me enamoré más tarde y para siempre. He retrocedido un poco más, a mis once, escuchando los casetes de Metállica y Queen, posesiones del vecino, y peleándome con los vinilos y la electricidad, que iba y venía, para hacer sonar los primeros pasos de Barricada.

Esa época en la que el inglés era un idioma extraño para mí, pero guitarra tras guitarra y con pioneros como Eric o Jimmy haciéndolas sonar, me llegaban las canciones, descontaminaban mi cerebro lleno con las basuras del momento.
Recuerdo, entre punk y radicales, invertir el poco dinero que poseía para comprar 'This is rock!', mi única manera de vivir entre Black Sabbath y Guns n Roses y distinguir un bajo de una guitarra o descubrir qué eran los discos de una batería.
En aquella etapa descubrí también el significado de "Sexo, droga y rock 'n' roll", como en 'Vicio' se decía, y que la del medio había causado la decadencia o la muerte de muchos genios que para mí eran recién nacidos todavía.

Con el tiempo he ido descubriendo todo lo que perdí antes de poder encontrarlo. Las melenas alborotadas, con obscenidades y cuero, mezclándose con franjas de leopardo que no me acaban de convencer, me recuerdan ahora a un ambiente viciado y de tabaco que lejos de asquearme me trae tristeza perdida, que apago con mi amor a la cerveza como ellos.

Es un cuento de hadas, del que tuve una pequeña réplica hace poco, aunque sé a ciencia cierta que nunca llegaré a vivir. De todas formas, de un cuento hablamos, ¿no? Donde está la juventud de Axel y Die Toten Hosen, donde Prince y Heart andaban dando guerra tiempo hacía ya, con Meat Loaf, Black Sabbath y Jeff haciendo de las suyas y asombrando al mundo entero mientras Sinead se habría paso en él poco a poco.


Vuelvo al "Live Aid" de 1985, porque todos son demasiados y muchos dignos de mención, quedándome con Sade cantando de verdad y con Bono cuando U2 todavía no había muerto. Allí, en un festival emitido por la MTV, increible pero cierto, y sus cosas del directo, que eran mayormente fallos humanos o un altavoz defectuoso, no focos, lucecitas, vestuarios exagerados rotos, voces y caras electrónicas o (d)efectos visuales.

Me limito a ese festival en el que podías dormir con las baladas de Bryan Adams o Paul Young, como si estuvieras en casa escuchando el CD, si no fuera por las ovaciones y los gritos del público, o podías disfrutar de un momento orgásmico subiendo al cielo con Led Zeppelin.


"No me digas que no puedo echar de menos lo que nunca he tenido." Frase extraída directa o imaginariamente de una historia de amor sensacionalista, yo se la dedico a los 80, deseando haber estado allí perdida, mientras nado entre los estilos de hoy en día buscando un corazón de oro como Neil ese mismo año del Live Aid en otro continente, sabiendo que la edad de oro de mi música solo la encontraré en VHS-s remasterizados, convertidos en DVD-s, y en personas que comparten sus aventuras y cuyos ojos brillan al recuperar pasajes que vivieron en su experiencia rockera, que son pasivos, pero no por ello menos reales, en la mía.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La pasión y sus efectos

El amor es ciego y vizco y sordo y manco... y está un poco cojo, solo de una pierna, ¡cómo se defiende caminando con la otra!

Llegué a darme cuenta de esto, que muchas personas descubren jóvenes o con arrugas ya y con lo que otras pasan la vida soñando durante largas horas bien aprovechadas, hace unos días exactamente. Evitaré referirme a casos concretos así que haré unos "supón que..." para explicarlo de forma comprensible.


Supón que tienes amigos o conocidos, masculinos, para los que tú, buena mujer, equivales más bien a un hombre o a un ser invisible (no, llevar la capa puesta no entra en el "supón que" de esta situación) y vas montada en un transporte público un considerable puñado de segundos. Va en la naturaleza humana sentirse atraído por los demás, afirmación con la que discrepo, pero que mantendré ya que necesito que me entienda el mayor número de personas posible, por lo que tus buenos amigos suben y bajan los ojos, y las cabezas, para escanear a todo individuo del sexo opuesto ( y apuesto que alguno que otro del contrario, aunque sean de los que creen que machos ¡uh ah! gustar mujeres, ¡uh ah!, si no no ser hombres ¡uh ah!) que entra en ese vehículo y en su campo de visión o en el de su radar. Es normal, ¡miedo me da usar esa palabra!, comportamientos comunes en toda la gente, por lo que risas y charlas, sigues intercambiando pensamientos con ellos.

Hasta que, dada la entrada de una chica en concreto, alguno de estos seres con los que compartes tu espacio vital dice "¡Agh! Dios que gorda, tío tú, puffff" o "Los dientes de esa quieren salir volando, no me extraña, con lo fea que es." o quizá "Inserte comentario desagradable sobre la chica" con su respectivo coro de comentarios y risas por parte del resto de asistentes al monólogo y la reacción o no-reacción de la chica que ha recibido y captado perfectamente cada sílaba ya que el volumen con el que las ha pronunciado tu compañero ha sido considerable. Observas después cómo esta escena se repite varias veces.

Supón que los machos con los que vas son chicos corrientes, de calle, con algo especial para alguien, sin nada sobresaliente para el resto, pero parece ser que crecen crecen y crecen regados por un orgullo que intentas descubrir de dónde han podido sacar sin comprenderlo del todo.

Varios meses, bien podrían ser días o años, más tarde descubres por casualidad que varios de ellos han conseguido eso que con tantas ganas, deseos ocultos en pijamas y de revistas para adultos y ansias habían querido siempre. En efecto,  tienen novia. ¿En contra de ello tienes algo? No, por supuesto que no, a menos que los maltraten, entonces las brocas girarían en el otro sentido.

Sin embargo y muy a tu pesar, no puedes evitar fijarte en la complexión de estas chicas y recordar vagamente esos insultos que con tanta diversión les dedicaban a las mujeres jóvenes del autobús que nada tenían por qué aguantar. En ese momento dudas y cavilas sobre las razones que les han llevado a estar con una chica que es, hablando de forma física, literalmente todo de lo que se han estado riendo.

Los consideras ¿Inferiores? ¿Necios? ¿Estúpidos? ¿Ineptos? ¿Arrogantes? Oh, espera, mi palabra preferida ¿hipócritas? ¿O sonríes y abrazas el placer que supone ver cómo se comportan monos disfrazados de personas? Tal vez sea solamente el amor que se menciona al principio, que ha vuelto a hacer de las suyas.


Eso, amigas/os míos, es otra cuestión que tendréis que resolver por vosotras/os mismos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El abismo sería

Dice que me dejaría arder en el infierno… con las llamas abrasándome la piel, sin poder respirar por el calor del fuego que por las rendijas de las rocas lamen la carne, carne que parece un cúmulo de llagas sin curar, ardiendo, quemándome por dentro. El humo inundando los pulmones que gritan con pinchazos que necesitan oxígeno para sobrevivir, mientras yo recuerdo minuto tras minuto que nunca saldré de ahí porque el infierno será mi hogar para toda la eternidad. Sin alzar la cabeza, sin querer saber que los cuerpos de la gente que quise cuelgan del techo boca abajo, sin vida balanceándose de un lado para otro con el sonido rítmico de las cadenas que aprisionan sus tobillos, como los míos, al suelo, al cielo, a las nubes rojas que tenemos por techo.

Dice que le daría igual, que sonreiría ante tal acontecimiento, porque el demonio en sí soy yo, encarnado en el ser con cuernos que con una risa hueca da órdenes látigo en mano, camisa de cuello vuelto y unas pezuñas por zapatos. Que lo ve en mis ojos, en cómo se enfrían y arden al mismo tiempo, dice que por ello dejaría que me pudriera ahí dentro… Sin remedio, sin refuerzos, una tarea constante a quinientos grados por futuro y los gritos de los que no pueden más, de los que agonizan perpetuamente como única melodía.

Dice que le gustaría verlo como un gran hermano, mis lágrimas sin salida, evaporadas antes de emerger de mis ojos, mi cara triste sin recuerdos borrados por los llantos aullantes de mi rededor, los míos propios.

Le digo que es un ser desalmado, que no tiene corazón y él me dice que es verdad, que no tiene, que no tiene porque yo se lo he robado…