sábado, 19 de noviembre de 2011

Había una vez

Esto lo tengo por aquí desde antes de verano, nota importante.

Érase una vez... eráse una vez. Oh! Érase una vez vez un pez. Rima, tiene sentido. Es una frase útil, muy bonica, como dirían allá en cierto lugar del mapa extendido por esta parte del mundo.

Érase una vez una cigüeña que, cansada de no volar, desplegó las alas, estiró las patas, cogió impulso y se precipitó al cielo abierto, que no despejado, que separaba el campanario de las nubes azuladas.

Érase una vez un castillo, con sus almenas dentelladas y sus banderas a viento, de vivos colores ondeando y mostrando orgullosas los símbolos de sus dueños, que sobrevivía a muchas batallas y perduraba y duraba y duraba y duraba.

Érase una vez cierto compañero que marcaba con una 'x' cada casilla que veía, obsesionado con los tests que los maniáticos le hicieron repetir día tras día mientras estudiaba, problema que lo llevó a permanecer en un lugar blanco pulcro llamado pulcramente centro psiquiátrico unos meses.

Érase una vez una joven feroz, con tacones negros y un sueño cuan pan bajo el brazo, con el que quizá nació, que pisaba fuerte sobre el asfalto y avanzaba hacia la puerta del casting que la convertiría en una estrella con sandalias blancas y miles de billetes rosas bajo el brazo.

Los desarrollos son tan variados que pueden cambiar con un chasquido de dedos, un paso en falso o una droga de más en la copa de cristal (¡sí! ¡Cristal!) del castillo, restaurante o motel de mala muerte.
El enredado enredo puede variar con conocer a una chica/chico/animal de compañía que pondrá una sonrisa en sus labios para siempre, los habitantes del inmenso lugar frío, de piedra, viviendo entre las paredes de marfil imitador de mármol.

martes, 15 de noviembre de 2011

Anywhere the wind blows~

Ha sonado una versión de "Against all odds" y mi vista ha ido al título que rezaba "Live Aid 85", con Phil Collins con pelo y sonriendo ante su imperceptible error, cosas del puro directo, que hoy en día un retoque de ordenador hubiera cubierto en un instante.


Me he vuelto a transportar al pasado, al sentimiento de añoranza, de mis trece años en los que leyendo, cuando las que se hacían llamar mis amigas buscaban chicos a los que mirar y yo me dedicaba a devorar bibliotecas, descubría entre palabras el título "The evil that men do", del que me enamoré más tarde y para siempre. He retrocedido un poco más, a mis once, escuchando los casetes de Metállica y Queen, posesiones del vecino, y peleándome con los vinilos y la electricidad, que iba y venía, para hacer sonar los primeros pasos de Barricada.

Esa época en la que el inglés era un idioma extraño para mí, pero guitarra tras guitarra y con pioneros como Eric o Jimmy haciéndolas sonar, me llegaban las canciones, descontaminaban mi cerebro lleno con las basuras del momento.
Recuerdo, entre punk y radicales, invertir el poco dinero que poseía para comprar 'This is rock!', mi única manera de vivir entre Black Sabbath y Guns n Roses y distinguir un bajo de una guitarra o descubrir qué eran los discos de una batería.
En aquella etapa descubrí también el significado de "Sexo, droga y rock 'n' roll", como en 'Vicio' se decía, y que la del medio había causado la decadencia o la muerte de muchos genios que para mí eran recién nacidos todavía.

Con el tiempo he ido descubriendo todo lo que perdí antes de poder encontrarlo. Las melenas alborotadas, con obscenidades y cuero, mezclándose con franjas de leopardo que no me acaban de convencer, me recuerdan ahora a un ambiente viciado y de tabaco que lejos de asquearme me trae tristeza perdida, que apago con mi amor a la cerveza como ellos.

Es un cuento de hadas, del que tuve una pequeña réplica hace poco, aunque sé a ciencia cierta que nunca llegaré a vivir. De todas formas, de un cuento hablamos, ¿no? Donde está la juventud de Axel y Die Toten Hosen, donde Prince y Heart andaban dando guerra tiempo hacía ya, con Meat Loaf, Black Sabbath y Jeff haciendo de las suyas y asombrando al mundo entero mientras Sinead se habría paso en él poco a poco.


Vuelvo al "Live Aid" de 1985, porque todos son demasiados y muchos dignos de mención, quedándome con Sade cantando de verdad y con Bono cuando U2 todavía no había muerto. Allí, en un festival emitido por la MTV, increible pero cierto, y sus cosas del directo, que eran mayormente fallos humanos o un altavoz defectuoso, no focos, lucecitas, vestuarios exagerados rotos, voces y caras electrónicas o (d)efectos visuales.

Me limito a ese festival en el que podías dormir con las baladas de Bryan Adams o Paul Young, como si estuvieras en casa escuchando el CD, si no fuera por las ovaciones y los gritos del público, o podías disfrutar de un momento orgásmico subiendo al cielo con Led Zeppelin.


"No me digas que no puedo echar de menos lo que nunca he tenido." Frase extraída directa o imaginariamente de una historia de amor sensacionalista, yo se la dedico a los 80, deseando haber estado allí perdida, mientras nado entre los estilos de hoy en día buscando un corazón de oro como Neil ese mismo año del Live Aid en otro continente, sabiendo que la edad de oro de mi música solo la encontraré en VHS-s remasterizados, convertidos en DVD-s, y en personas que comparten sus aventuras y cuyos ojos brillan al recuperar pasajes que vivieron en su experiencia rockera, que son pasivos, pero no por ello menos reales, en la mía.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La pasión y sus efectos

El amor es ciego y vizco y sordo y manco... y está un poco cojo, solo de una pierna, ¡cómo se defiende caminando con la otra!

Llegué a darme cuenta de esto, que muchas personas descubren jóvenes o con arrugas ya y con lo que otras pasan la vida soñando durante largas horas bien aprovechadas, hace unos días exactamente. Evitaré referirme a casos concretos así que haré unos "supón que..." para explicarlo de forma comprensible.


Supón que tienes amigos o conocidos, masculinos, para los que tú, buena mujer, equivales más bien a un hombre o a un ser invisible (no, llevar la capa puesta no entra en el "supón que" de esta situación) y vas montada en un transporte público un considerable puñado de segundos. Va en la naturaleza humana sentirse atraído por los demás, afirmación con la que discrepo, pero que mantendré ya que necesito que me entienda el mayor número de personas posible, por lo que tus buenos amigos suben y bajan los ojos, y las cabezas, para escanear a todo individuo del sexo opuesto ( y apuesto que alguno que otro del contrario, aunque sean de los que creen que machos ¡uh ah! gustar mujeres, ¡uh ah!, si no no ser hombres ¡uh ah!) que entra en ese vehículo y en su campo de visión o en el de su radar. Es normal, ¡miedo me da usar esa palabra!, comportamientos comunes en toda la gente, por lo que risas y charlas, sigues intercambiando pensamientos con ellos.

Hasta que, dada la entrada de una chica en concreto, alguno de estos seres con los que compartes tu espacio vital dice "¡Agh! Dios que gorda, tío tú, puffff" o "Los dientes de esa quieren salir volando, no me extraña, con lo fea que es." o quizá "Inserte comentario desagradable sobre la chica" con su respectivo coro de comentarios y risas por parte del resto de asistentes al monólogo y la reacción o no-reacción de la chica que ha recibido y captado perfectamente cada sílaba ya que el volumen con el que las ha pronunciado tu compañero ha sido considerable. Observas después cómo esta escena se repite varias veces.

Supón que los machos con los que vas son chicos corrientes, de calle, con algo especial para alguien, sin nada sobresaliente para el resto, pero parece ser que crecen crecen y crecen regados por un orgullo que intentas descubrir de dónde han podido sacar sin comprenderlo del todo.

Varios meses, bien podrían ser días o años, más tarde descubres por casualidad que varios de ellos han conseguido eso que con tantas ganas, deseos ocultos en pijamas y de revistas para adultos y ansias habían querido siempre. En efecto,  tienen novia. ¿En contra de ello tienes algo? No, por supuesto que no, a menos que los maltraten, entonces las brocas girarían en el otro sentido.

Sin embargo y muy a tu pesar, no puedes evitar fijarte en la complexión de estas chicas y recordar vagamente esos insultos que con tanta diversión les dedicaban a las mujeres jóvenes del autobús que nada tenían por qué aguantar. En ese momento dudas y cavilas sobre las razones que les han llevado a estar con una chica que es, hablando de forma física, literalmente todo de lo que se han estado riendo.

Los consideras ¿Inferiores? ¿Necios? ¿Estúpidos? ¿Ineptos? ¿Arrogantes? Oh, espera, mi palabra preferida ¿hipócritas? ¿O sonríes y abrazas el placer que supone ver cómo se comportan monos disfrazados de personas? Tal vez sea solamente el amor que se menciona al principio, que ha vuelto a hacer de las suyas.


Eso, amigas/os míos, es otra cuestión que tendréis que resolver por vosotras/os mismos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El abismo sería

Dice que me dejaría arder en el infierno… con las llamas abrasándome la piel, sin poder respirar por el calor del fuego que por las rendijas de las rocas lamen la carne, carne que parece un cúmulo de llagas sin curar, ardiendo, quemándome por dentro. El humo inundando los pulmones que gritan con pinchazos que necesitan oxígeno para sobrevivir, mientras yo recuerdo minuto tras minuto que nunca saldré de ahí porque el infierno será mi hogar para toda la eternidad. Sin alzar la cabeza, sin querer saber que los cuerpos de la gente que quise cuelgan del techo boca abajo, sin vida balanceándose de un lado para otro con el sonido rítmico de las cadenas que aprisionan sus tobillos, como los míos, al suelo, al cielo, a las nubes rojas que tenemos por techo.

Dice que le daría igual, que sonreiría ante tal acontecimiento, porque el demonio en sí soy yo, encarnado en el ser con cuernos que con una risa hueca da órdenes látigo en mano, camisa de cuello vuelto y unas pezuñas por zapatos. Que lo ve en mis ojos, en cómo se enfrían y arden al mismo tiempo, dice que por ello dejaría que me pudriera ahí dentro… Sin remedio, sin refuerzos, una tarea constante a quinientos grados por futuro y los gritos de los que no pueden más, de los que agonizan perpetuamente como única melodía.

Dice que le gustaría verlo como un gran hermano, mis lágrimas sin salida, evaporadas antes de emerger de mis ojos, mi cara triste sin recuerdos borrados por los llantos aullantes de mi rededor, los míos propios.

Le digo que es un ser desalmado, que no tiene corazón y él me dice que es verdad, que no tiene, que no tiene porque yo se lo he robado…

domingo, 16 de octubre de 2011

Hogar, dulce hogar

"Pero si no es que no me guste..." más de una vez he empezado así un argumento, de esos que sabes que no convencerán. No me convencen ni a mí, que con tanto énfasis arranco con palabras que creeré que sonarán inteligentes, que serán coherente, formarán una buena razón. Lo cierto es que no, que no me llegan al alma, ni siquiera traspasan el aura de colorines que me rodea.

Vayamos al grano entonces. Sí, sí y sí, Mi pueblo es precioso, sus alrededores, es un sitio agradable donde vivir. Donde tener una casa para meter el culo cuando la ajetreada vida te da un respiro, andar por sus caminos de tierra, cuidando vacas, y saludar a los campesinos que te gritan un "¡Mozá!" alegremente cuando te ven. Sí, lo sé, también es un lugar en el que puedes ver montes desde el balcón sin estirar mucho el cuello. Aunque claro está, todo lo bueno tiene algo malo. Aquí, el punto que contrasta con este maravilloso lugar es un suceso, verán, como eso de que en Halloween las ánimas se dejan ver, las brujas salen de caza, uuuuhh los monstruos, los zombis se despiertan, todos a la vez, todos juntitos a la misma hora durante una noche. En Durango, mi querido pueblo, a un porcentaje de la población de entre 15 y 30 años, números arriba, números abajo, les absorben el cerebro y se vuelven... permítanme carecer de tanto, gilipollas. ¿Cuándo? ¿Por qué? Se preguntarán. La primera pregunta tiene respuesta obvia, dolorosa pero no menos cierta por ello: siempre. Sí amigos, todas las horas de todos los días de todos los años. En cuanto a la segunda, no lo sé, diré, pero me inclino por la explicación más lógica: porque son de donde son.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Enojos

Me cabrea. Me cabrea que no digas que no o que sigas sin quererlo. Me cabrea que llores y que sonrías cuando tienes que enfadarte. Me cabrea que no hagas nada. Me cabrea que me dejes mal, que dejes mal a quien no se lo merece. Me cabrea que evalúes todo y a todos, como si estuvieras en la cúspide de la perfección, cuando los diccionarios no tienen definición para esta palabra. Me cabrea que digas hola cuando quieres decir adiós, que digas cosas bonitas cuando no quieres hacerlo. Me cabrea que te aproveches de todo y no des nada a cambio. Me cabrea que des y quieras todo a cambio. Me cabrea tu falta de dignidad, de poder, de seriedad, de respeto. Me cabrea tu amabilidad, me cabrea tu indignación absurda. Me cabrea tu paranoia, la fijación que tienes hacia tu persona. Me cabrea que excluyas por excluir, que no mires porque no es lo suficientemente refinado para ti, sibarita. Me cabrea tu hipocresía y tu mezquindad.
Me cabreas tú, yo, me cabrea el mundo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Héroes de guerra, dicen.

Ved a los niños correr, a los hombres caer. Ved a las mujeres heridas, gritando con palabras no familiares que duele, que les ayuden. Observad las bombas caer, grabadlo en la historia, observad como destruyen el templo o las casas de madera, pero a vosotros solo os llega el calor, un instante de intenso calor que arde, fuego que a ellos les está quemando vivos mucho más que un instante.
Mirad como cargan las metralletas, como apuntan con los rifles, sí, mirad como disparan.

Ved, mirad y observad, no hagáis nada, guardadlo en la memoria, deleitaos con saber que sacasteis una de las mejores fotos de todos los tiempos, mientras veíais a niñas llorar, mujeres correr, hombres heridos y gente muerta que ya no podía pedir ayuda, con cara triste decid que estuvisteis allí, que sobrevivisteis. Sobrevivisteis... ¿a qué?

Y decidme que esas fotos merecieron siempre la pena, decidme que no os arrepentisteis de no haber hecho algo para evitar esas escenas. Creasteis iconos, enseñasteis realidades alejadas en momentos en los que la información no andaba a grandes zancadas. Las vidas arruinadas, la agonía plasmada, se pueden despreciar, la mejor foto de la historia está sacada.

martes, 30 de agosto de 2011

Y las noches cortadas II

Que mal ha quedado... en fin. Por cierto, que escriba esto es culpa/gracias a Sa jejeje

El final fue peculiar... espeluznante, horriblemente casual y un tanto feliz.

Le susurró a las ramas que dejaran de moverse, "sshh", para escuchar atento más allá de los sonidos audibles. Se limpió los labios con el puño de la sudadera y escupió la mezcla de saliva y sangre que salió de su boca disparada, junto con algún trozo de algún diente roto por el impacto. Las manos magulladas se asían al mango de madera teñido de sudor, gotas resbalando por su cara a su vez por el esfuerzo de mantenerse en pie y correr de un momento a otro.

Oyó la hierba rasgarse, giró la cabeza, otra vez, otro sentido, su cabeza se movió en esa dirección. Los ojos oscilaban, las pupilas dilatadas, la luna llena oculta tras una nube, la oscuridad al descubierto. Sombras por las esquinas que cambiaban de posición una y otra vez, los árboles, los letreros y las cortinas. Y el ruido que no se iba.

La noche iba a ser dura, lo supo desde que salió de la casa con las botas de siempre, los pantalones de siempre, el arma de siempre, la expresión de siempre. Oculto tras el árbol, varias horas después, aguardaba el momento oportuno para salir, levantar el filo y matar, matar, matar. Término erróneo, dicho sea de paso. Era exterminar, erradicar, pero no podía matar algo que ya no tenía vida propiamente dicha.

Tras varios segundos y dos pasos a la derecha se escucho algo caer, como la gelatina cuando se vuelca el molde en el que se encuentra. Dejó de respirar, agarró con más fuerza el la guadaña. Saltó hacia delante en cuanto divisó lo que parecía un brazo, levanto la guadaña y ésta silbó y el hombre percibió un zumbido. La cabeza rodó por el suelo mientras unas piernas seguían su camino tambaleantes antes de derrumbarse en el sitio.
Nunca me mancharé de sangre al menos. Sonrió ante sus palabras. Se apoyó en la guadaña, observando la rápida descomposición del ser que acababa de degollar, cuando sintió un pinchazo, un pequeño toque, un alfiler clavado rápidamente. La palma de la mano aplastó el insecto contra su piel. La apartó, húmeda, pegajosa y con parte del insecto en ella. Lo miró de cerca. El calor que comenzaba a esparcirse por sus venas, un momento más, más calor, las alas, el cascarón, echos añicos en su mano y todo encajó. El zumbido. Su mente reconstruyó los pasos del sonido y lo supo. Sonrió de medio lado de nuevo, tanta ironía cargada en una mancha rosada en su brazo volvía tan absurdo el asunto. Vaya una forma de morir le susurró a los restos de bicho en su brazo. Hablaba de él, del héroe, del final compartido con todos sus predecesores... y se lo decía a su asesino, ya muerto, exterminado, como él lo estaría antes incluso de que la mancha se volviera roja. El veneno corrió, diez segundos, el arma cayó pesadamente, ¡pum!, otro ¡púm!, más fuerte, más humano, la siguió.  Al menos no seré uno de ellos, dijo en su última sonrisa.

lunes, 29 de agosto de 2011

Y las noches cortadas I

Era el hombre de la guadaña. El que acechaba de noche escondido entre los nogales, oculto tras el tronco áspero, viejo, rasgando la cazadora en los movimientos lentos pero precisos que hacía para escapar de las miradas que podrían dirigir hacia el árbol.


En los momentos menos esperados salía de su escondite sin hacer ruido a pesar de las hojas secas del suelo o la hierva húmeda, resbalando las botas con un sonido de plástico roto. Sin prisa, rápido, veloz, con calma, el corazón latiéndole fuertemente, se abalanzaba, cargaba contra lo que hubiera delante suyo. No importaba el tamaño, ni la forma, no podía pensarlo, si lo hacía podía arrepentirse y un fugaz instante de duda lo mataría.

Era algo que tenía muy claro.Tanto como el agua cristalina del pozo común, agujero natural por el que salía el líquido que daba de beber a los pocos que quedaban. Lugar terrorífico entonces, rodeado de hambrientos seres que vagaban entre los árboles con pisadas huecas, cansados y torpes por la fragilidad de sus huesos y la carne podrida que se desprendía. Y era imposible llegar a él, conseguir acercarse, sin ser visto. La mayoría de los que rodeaban el muro circular de piedra lo habían intentado en otro momento y de otra forma. Iban cautos, centenas, juntos, agrupados, seguían las pisadas unos de otros con antorchas, hachas, cuchillos y alguna que otra escopeta, inútiles en estos casos, y se defendían, con uñas y dientes, hasta la muerte, la transformación. Solo él, solamente él había conseguido volver.


Ahora era el hombre de la guadaña. El hombre con un arma absurda que hacía oscilar en el aire y un silbido precedía al desgarro de carne, huesos, cartílagos y médula, un simple pero eterno "crack", en otras palabras.
Luego volvía con hombros altos, la cabeza también. Los oídos alerta con un tíck adquirido con el tiempo, moviendo la cabeza a un lado y a otro, sin parar, escuchando el ruido de la caída del Sol y el posterior silencio casi absoluto.

Ahora era el hombre que esperaba tras la madera húmeda y pasaba el tiempo haciendo la labor de héroe hasta que el destino tradicional de éstos lo alcanzara.
Cortaría cabezas, como aquel jinete de la leyenda, hasta que tuviera que convertirse en uno de ellos, en otro ser sin piel, sin alma, sin ojos, sin vida.

"Crawl from the wreckage one more time
horrific memory twists the mind.
Dark, rugged, cold and hard to turn
path of destruction, feel it burn"

domingo, 21 de agosto de 2011

Porque yo sin ti...

Mil entradas llenaría solo hablando de murciélagos, cerveza, la hierva verde que crece, que no crece, de los mojitos, sangría, el cielo, las cocinas de las casas ajenas, la nocilla, bocadillos de chaca, vosotras, vosotros, algunos especímenes raros, los paseos en coche o andando, clubes, idiomas varios, gatos, barbacoas, familia y familias, historias interminables, cuentos chinos entretenidos, alegrías, lagunas, vasos, cosas de chicas mezcladas con cocacola, nosotros, troncos, hachas, mazas, cuñas y astillas traicioneras, ropa, caminos de Santiago y dormir mucho, los de siempre como siempre y de otra manera.

Pensándolo bien son muchas cosas que contar, otras muchas que pondría si no tuviera tanto sueño, pero todas se unen en una sola palabra, que abarca todo lo que siempre me importará, me hará reír y, en ocasiones, llorar (gravilla mala ¬¬).

SAN MIGUEL DE LOMBA, como dijo aquel niño en el escenario [y Potitos]   :)

lunes, 11 de julio de 2011

Desvariando, porque sí.

No tengo tiempo, ni ganas, de leer páginas en blanco escritas con tinta que para algunos es invisible. Ni ganas ni  tiempo de preocuparme y absorber para que me expriman como a una esponja el cerebro y no estén satisfechos.

Con tono serio y en silencio digo ¡qué se le va a hacer! Conformismo, qué bien quedas a veces.

Y volar... Caminar con sandalias de cinco euros en tierra derretida por el Sol, alumbrando el camino de ida y vuelta. Una cerveza a treinta grados, cuerpos a cincuenta y noches a veinte caldeadas por el sonido de una púa rasgando una guitarra y un grito ahogado por unos altavoces con el doble de tu altura.
Quiero tiempo para eso, y lo tengo, y las ganas. Y para mucho más.
¡Espérame! espera a que pueda dejar la parodia, sarta de mentiras y modestias para ser competente, coja la lata de ideas y me la beba contigo, gran amiga (es de los invisibles, no la conocéis, tehé). El verde y el fantasmico, de mico solo tiene sílabas del mote, quedarán cuidando de los rincones espolvoreados, no temas.

Con la esperanza de tener una pistola de bubble bubble bubble pop, bubble bubble pop pop, uuh~ con la que lanzar balas de calibre 50, esféricas, huecas, vacías, frágiles pero letales, sino piensa en uno de esos proyectiles en el ojo ;), me pondré mis sandalias rosas.
Tengo ganas. No sabes cuantas ansias. Ni los vampiros chupasangres me detendrán, nada podrá, contigo a mi lado y la pistola en mano.

Dejo las sandeces, me voy con muñecos diabólicos y koalas a tener un adelanto de ese viaje por el cielo en suelo blandito. Solo algún muelle disturba la paz... Mañana no recordaré nada. Recuerdos, dulces recuerdos, se borrarán, perderé el mundo pero seré libre como el aire que respiro. Lo último no, mierda, entiendo ahora por qué no escucho canciones en mi idioma materno. ¡Me roban mi libertad! Pero diré sí a ser libre. ¡Joder! Otra vez. Canciones, fuera canciones.

Encontré la solución a este desbarajuste. Usé el cerebro, el órgano que quieren corromper en edifícios incoloros, y recién descubrí. ¿¿Todas las influencias han venido ahora o qué??? Como decía, que he descubierto que con el cursor encima de la X blanca del reproductor de música, si presiono una milésima de segundo la ventana se cierra y se hace el silencio, para poder pensar....

Nadie me conseguirá vencer, levántate ya y empieza a correr, decide tus pasos al andar...
Mierda, todavía sigue la música en mi cabeza. ¿Y a ésta como la paro? ¡Nooooooooooo!

domingo, 3 de julio de 2011

PLATIQUEMOS

Hablemos, pues, de temas no tratados hasta ahora en este lugar. Charlemos sobre comida. Sobre frescos aperitivos que, si bien los ingredientes son comunes en cualquier parte del mundo, juntos hacen tentempiés innovadores y diferentes. De hielos rojo sangre, ese color siendo obra del ketchup. No, no, un poco no, hay que abusar de él, para poder sentir el toque a tomate, más bien ketchup, en una lengua paralizada y congelada por el hielo.

Hablemos de desayunos no tan frecuentes y de cenas con forma de lo primero. De croissants con colacao y galletas nadando en la leche. Conversemos sobre masas de harina, leche y huevo, cubiertas de lo que más te apetezca, nata, crema de cacao y avellanas, sirope de arce e incluso mantequilla de cacahuetes, mezclados, untados o distribuidos de forma uniforme sobre la masa compacta, dorada, tostada y un poco quemada. De arroz sumergido en tomate, carne fresca, ñam ñam, y huevos fritos con, ¡a dónde vas con tanta aceite!, pan, sin pan, como más le guste a usted. 

O podemos hablar de no hacer nada, de experimentos chorras con gente que está a miles de kilómetros o sentada junto a ti en un sofá, con un peluche gigante que era mío, en ese momento, vale..., y de chistes malos que no dan gracia y de historias con moraleja, ¡educativas señor!, que ni los eruditos más eruditos conseguirían descifrar. Y podemos charlar y conversar de humanoides que se hacen pasar por gorilas sin mucho éxito, de que no te dejen escuchar una voz al otro lado del teléfono y de cómo llegar, dónde está, cuánto tardará.

¿Y por qué no?

"This is not a story I tell of midnight, moon and sun..."
No queda bien, pero me apetecía ponerla :D

jueves, 23 de junio de 2011

De duda existencial en duda existencial iba saltando y se me ocurrió una pregunta que hacer, analizando lo que la gente piensa de lo que tristemente escribo si escribo una novela, le pongo fondo negro a la pasta y algo rojo y el prota está muy mazado y pasan cosas malas y hay magreo, seguro que me forro, editoriales llamen al 555-0001: ¿si le dedicara las siguientes 10 entradas a... por poner un mero ejemplo... al sexo y aparece una chica morena en la historia o lo que sea, me imaginaríais a mí como protagonista? Espero que no, me disgusta la idea, parad de hacerlo ¬¬ os veo/leo la mente.

Va, va, que alguien conteste si se pasa.
Besitos~ (Poner cosas tan poco propias de mí me pone la carne de gallina)

lunes, 13 de junio de 2011

Yo también

En el parque se estaba bien. El rectángulo cubierto de arena era blandito, mullido, y podía crear figuras y castillos sin que nadie le dijera que aquello era imposible. Compactaba la arena con sus manitas, un montón, otro poco, con cuidado, dándole forma de torre o tren. Si la noche anterior había llovido y la humedad seguía allí, incluso podía hacerle ventanitas. Eso era lo que más le gustaba. Bueno, eso y que su mamá le trajera una piruleta circular, con el dibujo de una espiral y muchos colores. Aunque con esa felicidad llegaran las quejas de que se iba a ensuciar las braguitas si no se colocaba bien el vestido que se había arrugado y plegado bajo sus piernas cuando, un poco frustrada, lo echaba hacia atrás dejando que los granos de arena le rozaran y arañaran la pálida piel. Unas manos firmes la levantaban y la colocaban bien mientras ella sostenía su piruleta con una mano y con la otra le daba forma a otro poquito de arena mientras concentraba su mirada para que le quedara todo perfecto. La mujer no tenía nunca tono serio cuando la regañaba, sonreía mientras le repetía una y otra vez que una señorita no debía hacer aquello y, tras un tierno beso, volvía al banco donde la aguardaría cuando ella terminara de jugar.  

Siempre seguía la misma rutina los días de verano que pasaba en el barrio después de comer, cuando ningún niño había terminado de echarse la siesta todavía.



Una tarde, en la que el sol brillaba mucho y el calor hacía que gotitas de sudor se mezclaran con la arena y ésta se pegara a sus manos, algo muy molesto, por cierto, ya que le hacía perder la concentración, vino un niño nuevo. Parpadeó varias veces antes de darse cuenta de que una sombra no muy alta impedía que los rayos de sol le quemaran la piel. “Hola.” le dijo una voz suave, baja. “Hola.” contestó ella dulcemente antes de volver a concentrarse en la segunda torre del castillo que estaba haciendo. Lamió la piruleta y le dio forma a uno de los picos que más parecía un triángulo que un cuadrado, ajena a la persona que estaba de pie en frente suyo.

“¡Achíss!” El polvo se le metió en la nariz y ¡plas! la torre que estaba casi terminada se deshizo cuando su brazo se movió sin su permiso. Giró la cabeza hacia el lado por el que se había levantado la arenilla. Se encontró con una carita redonda que la sonreía.  “¡¡Ei!! ¿Por qué me has asustado?” Le dijo, dándole un golpe en el brazo al niño moreno. Los ojos que la miraban se volvieron hacia el castillo y, al ver la construcción semiderruida, el niño se mordió el labio inferior. “Lo siento…” dijo esa vocecilla baja. Apretaba las manos una en contra de la otra, como si no supiera donde ponerlas. Además, la mirada seguía fija en la arena y el labio aprisionado entre los dientes. La niña no pudo enfadarse al ver eso. No es que no pudiera, más bien sentía que no debía hacerlo. “No pasa nada, ahora lo arreglo, no voy a tardar mucho.” Le sonrió extendiendo los dedos y acarició el brazo que antes había golpeado. El niño levantó los ojos y le devolvió la sonrisa, visiblemente muy animado con la idea. “No, no. ¡¡Yo lo hago!!” Y sin darle tiempo a moverse, apoyó una de sus pequeñas manos en la arena y se puso de rodillas. Luego, con toda la meticulosidad y seriedad de un adulto de tres años comenzó a reconstruir lo que se había derruido.


Al día siguiente los dos estuvieron haciendo ¡una ciudad enorme! La niña descubrió que era mejor tener a alguien que la ayudara, así, antes de que los demás niños fueran, ya tenían hechos muchos muchos castillos y casas y habían dibujado habitantes con un palo.



Otra tarde, en la que el cielo estaba blanco por las nubes que habían decidido no dejarle sitio al sol, su mamá le trajo una piruleta de colorines, como siempre. “Me gustan muchíiisimo estos caramelos.” Le dijo a su compañero. “¡Mira! Tiene colorines, como los peces del acuario de la peluquería.” “¿Me das un poco?” Le pidió él. “Claro!” Dijo ella sonriente. Extendió el brazo para acercarle la piruleta y vio cómo él, agarrando su mano con las suyas,  lo atraía más hacia sí y abría la boca para segundos después dar un mordisco con todas sus fuerzas.

Como era de esperar, la piruleta se partió y, a pesar de los intentos de él para coger todos los pedazos, los trozos pegajosos cayeron lentamente. Tampoco ella consiguió  alejar el palo de sus manos y salvar el resto del caramelo. Con todo, la piruleta quedó envuelta en arena y los trozos que se habían salvado en la boca del niño, que miraba con los ojos muy abiertos lo que acababa de ocurrir.

Envolviendo el aire con su manita que conservaba todavía la posición de sujetar la piruleta, los ojos le empezaron a doler. Ya no veía tan bien mientras las lágrimas se le acumulaban en los ojitos. Ahogó un sollozo, luego otro, le siguió uno más fuerte y ese se le escapó de la garganta. Notaba un calor húmedo en las mejillas cada vez más intenso y los sollozos se convertían en llantos a su vez. “Hoy mi pa…” “Hoy mi papá termina de estar ocupado y-y nos vamos…” Con los puños cerrados, se restregó  los ojos. ¡No dejaban de picar!

El niño,  asustado, no entendía nada. Claro, ¿cómo iba a entenderlo? Solo podía pensar en lo rico que estaba el caramelo y que por fin había probado la piruleta. Todas las horas de la siesta había ido a jugar allí a la caja de arena y ella le decía que le gustaban muchíiiiisimo las piruletas, con ese brillo en las pupilas y una sonrisa enorme que le iluminaba toda la cara. Él también quería sentirse así… o saber por qué ella se sentía así. Fue algo instintivo, algo que quería para sí mismo tanto como veía que ella lo quería para sí misma.

De esta manera quedó todo. La última piruleta de aquel verano se deshacía en su boca, saboreándola, mientras la niña del vestido rojo, su amiga, lloraba a su lado con el hipo interrunpiéndole apenas la respiración. Pero él no se sentía culpable del todo. No por el hecho de que tuviera 3 añitos solamente, sino porque ¡ei! había conseguido comer la piruleta.

sábado, 7 de mayo de 2011

Son ellos, nosotros, vosotros y ustedes.

No, no es así y lo digo pataleando, como un bebé con una rabieta, pero siendo ésta de las que no se van nunca. No quiero gente que cuando tiene alguien a quien querer solo necesita de esa persona, pero cuando se vuelve invisible, le rompe el corazón o veteasaberporqué se marcha, adiós, no existí, déjame, vuelve corriendo a ti y de repente tiene todo el tiempo del universo para dedicártelo, porque te quiere, eres alguien importante, nunca tendrá a alguien como tú. Cierto, ya que se sabe que los amigos son todo, son importantes.

Estamos para secar lágrimas, para abrazar, para escuchar. Pero también para reír, ser abrazados
y escuchados. Es un juego, especie de venganza, ojo por ojo, diente por diente. Pero hay que tener cuidado, si hay carencia por un lado y mucho peso en el otro, la balanza puede caer hacia la izquierda rápidamente y el platillo de la derecha salir volando.

miércoles, 27 de abril de 2011

El día en que recibí una carta

Entre cafés y horas mal aprovechadas, ordenadores, ropas sucia y apuntes escritos, echo de menos. Añoro momentos que no he vivido y experiencias que no acumularé.

Río leyendo que, de nuevo y sin sorpresas, nada ha cambiado, siguen siendo las mismas, el tiempo continua deteniéndose una vez que pisas la tierra de ese pueblo, nuestro pueblo. Puedo imaginar, volverlo realidad en mi mente, que monto en las atracciones, ando por la general y a través de los Puentes. Me encuentro con los mozos vestidos de verde, locos por incordiar a los ciudadanos más inofensivos. Como, como y como más, rodeada de Potitos, nocilla y galletas de personas ajenas y en algún lugar que no sea mi casa, aunque sí mi hogar. Tantos años como intrusa en esas cocinas me da derecho a llamarlas así, como si fuera ET.


Necesito droga y amor sanabreses, pero nada de sentido literal, por favor, me gusta mantener la reputación, esa que perdí hace tiempo gracias a vosotras :D
¿Sabéis por qué sonrío? ¿Por que por qué puedo decir que estoy orgullosa de ello? Porque somos las únicas dignas e indignas, warras, putas y de tó que se mantienen erguidas, rodando por los suelos, que no esconden el rabo entre las piernas ni agachan la cabeza.
(Que) pase lo que pase, y esto sí, tómese en sentido no figurado, siempre terminamos sonriendo ante las circunstancias, por muy frustrantes y penosas (no se me ocurre una palabra más acertada para describirlo XD) que puedan resultar.

Sin esos días 'ahora todo es extraño', pero volveré (4)


Digamos que la que falta es la que saca la foto :)

sábado, 9 de abril de 2011

Digamos que es una de mis chicas preferidas

Alguna vez, la música sonando a un volumen considerado en los auriculares, la brisa en la cara, te viene a la memoria ese videoclip en el que el artista anda por la calle, moviendo los labios junto con la letra de la canción, tan segur@ de sí mism@. Y tú te sientes como ellos, se desvanece el paisaje alrededor, lo sustituyes por la acera en la que transcurre el vídeo.

Como en una película.

Hay alguien, cierta persona que hace que te sientas así sobre su vida.

Es un curioso caso.

La oyes tras el teléfono, lees por Messenger, te pones a su lado. Escuchas su vida, sus aventuras y decisiones, en definitiva.

Y te hace sonreír.

Hace que la frase “La vida no es como las películas.” pierda toda la credibilidad que crees que tiene un día no tan bueno, esos en los que agarras cualquier escusa para sentirte un poco mejor.

Beautiful

Es una de esas chicas para las que algo nunca es imposible, solo tienes que materializarlo, llevarlo a la realidad.

Magias aparte.

¡Qué tendrá que ver esto con los demás! Fácil respuesta y sencilla. Que tu vida se vuelve así, el videoclip de la canción que elijas o la película que más quieras. Solo necesitas seguirla, aunque más vale que te pongas zapatillas, literalmente.

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La playa está de fondo, en la discoteca, un par de tacones, negro maquillaje, un vestido de niña buena o unos pantalones que cubran no mucho más que la curva de las ingles, una camisa lisa, roja, SHINning y el mundo es nuestro.

¿No te recuerda a alguna historia adolescente? :D

Comenzar a hablar con un “¿Estás bien?”, diferente persona, distinto lugar, y seguir con un “Tu amiga se está durmiendo.” Bailas y te ríes, comes un helado. Vas a un garaje y te sientas en el suelo, tras un paseo con el mar azul y blanca espuma golpeando las rocas descolocadas, en imagen en 3D y sonido al estilo “home cinema”. No tienes prisa, quizá sí, pero parece que no.

Ella no la tiene.

No es un resumen, tampoco un texto dedicado. Es el hecho de que todo puede ser, aunque la edad y los recuerdos intenten convencernos de lo contrario.

Y siempre que estoy con ella lo recuerdo.


Sometimes, you walk alone
You stop for a moment and take a look around
When you’re tired of the feeling of being alone
Follow me then, follow me, me, eh
 SHINee - A-yo

miércoles, 6 de abril de 2011

"¿Y la verdad?" "A ella nadie la quiere."

No me las doy de poeta, ni de escritora, por lo que me tomo la libertad, ya que parece que en esta sociedad eso está a la orden del día, de escribir como malamente me salga.

Hace tiempo aprendí que una suma es una operación que resulta al reunir en una sola varias cantidades y una resta la diferencia entre dos cantidades. También aprendí que soy honesta, brutalmente, inocente o maliciosamente. Comprendí que mis sonrisas disfrazadas tiemblan en los bordes, que mis ojos delatan lo que siento en realidad.
Me enseñaron a malas que la verdad pocos la soportan y, de esos, solo algunos la quieren escuchar.
Me di cuenta de que el deporte nacional, el causante por excelencia de que el aburrimiento 'desaparezca', es hablar mal, insultar y decir crueldades de quien no conoces a alguien que conozcas o acabes de conoces, da absolutamente igual.
Un día de esos supe además que no soy buena deportista, casi nunca (nunca digas nunca, por si las moscas) practico, ni invierto mi preciado, valioso y adorado tiempo en ello.

Pero, por encima de todo, aprendí que muchos otros, llamémoslos humanos, no piensan como yo, no razonan como yo y perdieron la poca inocencia que aún creo conservar hace tiempo, no habiéndola tenido nunca algunos.

Y esta p*** verdad, porque de mentiras va la cosa, me entristece. Podría hacerme llorar de rabia, podría tener ira o darle vueltas a todo enfadada. Sin embargo, solo me da pena. Que tan lejos estemos del resto de animales y usemos eso que definimos como pensamiento para odiar, maltratar y hacer daño a la gente, sin sentido, sin motivos, o con uno tan estúpido como "me ha mirado mal".

Hasta dónde puede llegar la gente...

Hoy por ti, mañana por mí,
contra la pared. 
Hoy sin ti, mañana sin mí,
contra la pared. 
Barricada - Contra la pared
 

viernes, 18 de marzo de 2011

De añoranza y sabor

      Hoy hablaré sobre dos cosas muy importantes. Dos tristes asuntos que hacen que me sea difícil, o incluso imposible, conciliar el sueño. Son de esas cosas que te hacen querer gritarle al mundo y llorar desconsoladamente por impotencia, saber que no puedes hacer nada para evitarlo. No hablaré de ningún desastre natural, ni político, ni humano. Hablaré de dos acontecimientos, uno que marcó mi vida hace tiempo y otro que tengo que soportar todos los días que paso en este mundo.

      
      Aquel trágico día era uno cualquiera de un año cualquiera de mi época de universitaria que todavía perdura. Con afán por abandonar, aunque fuera solo por unos instantes, aquella universidad, nos aproximamos al Megapark. Unos minutos, unos estómagos vacíos, y la comida pedida desaparecía en nuestras bocas rápidamente.

Allí me encontraba yo, las manos manchadas con las diversas salsas y el jugo de la carne y los dedos apresando el último pedazo de hamburguesa. El cacho mordido de pan, rodeando la carne tostada y la panceta, salpicadas ambas por colores y sabores que se derretían y se mojaban entre ellos. Yo, hambrienta, apenas satisfecha por el resto ya engullido, lo observaba y absorbía todos sus detalles. La esperanza y los deseos que vendrían con el sabor de ese último bocado que albergaba el de cien o doscientas hamburguesas.

Entonces, tras varias palabras y sonrisas compartidas, llegó el momento. Sabía que se acercaba, mi corazón latía contra la caja torácica y un nerviosismo me envolvía mientras mi cerebro mandaba la orden a los brazos, los cuales comenzaron a levantarse, acercando el resto de hamburguesa a mi boca. El olor grasiento de la carne tostada inundaba mis vías nasales. El momento se aproximaba, lo sentía en todo mi cuerpo.

Pero todo lo bueno tiene un final, en ocasiones, como ésta, prematuro. Si los astros no se alinean, si el destino no lo quiere, si la suerte no te acompaña, si no sabes elegir bien, si tus amigos son demonios disfrazados, todo puede ocurrir, se puede volver en tu contra. Una mano puede cruzar la mesa y, con un movimiento fugaz, arrebatarte tu granito de felicidad, engullirla, mientras tú oyes a tu corazón romperse, “¡tras!”, y no puedes hacer nada. Como a mí me paso aquel día, aquel trágico día.