No obstante volvió. Las fuerzas descargadas, la razón estancada, entre los nogales, sin su guadaña.
Olía a tierra húmeda, rocío. Los músculos no respondían, los huesos agarrotados le mantenían en la posición que sus nervios suponían por las sensaciones de hormigueo. Abrió los ojos y el contacto con el aire los hizo enrojeces. Los ojos cerrados, de repente, recordó un pinchazo, sin dolor, un golpe a lo lejos, la noche que noche se quedó. Sus miembros intentaron zafarse de una cuerda invisible que lo maniataba e imágenes, escenas, se acercaban a su memoria.
Recordaba estar muerto, recordaba la calidez que había sentido hinundarle el corazón un segundo antes de que colapsara. Unos troncos desnudos abrigaban el lugar en el que se encontraba, hojas secas y mojadas hacían de manto cubriendo el suelo y una luz delgada aclaraba la capa que como una colcha de hiel tapaba el terreno. Sus piernas flaqueaban, las notaba inútiles, pero su instinto decía que debía levantarse de allí, fuera lo que fuera el sitio aquel en el que se hallaba. Incluso en esa duermevela, no se lo negó y giró el cuerpo con un impulso mínimo, el máximo que podía permitirse su estado. Se quiso preguntar si estaba vivo o muerto, si acaso se había convertido en uno de ellos. La mera consciencia de su existencia le despachó su última duda. Podría estar muerto, o vivo, pero en peligro, y su trabajo perpetuo le había enseñado a defenderse estuviera donde estuviera, mereciera la pena o no. El cambio de posición no resulto como esperaba. Giró, su brazo se apoyó, tarde, el sabor a tierra mojada. Chocó contra el suelo. Sus ojos se habían cerrado y su respiración se había acelerado. No intentó incorporarse. Shhhh Escuchaba susurros por encima de sus esfuerzos por deshacerse de ese sabor húmedo e intentar robarle oxígeno al aire.
Estaba tan cerca del suelo... y sus oídos no habían perdido práctica. Se arrastraban con un ritmo pausado, detectaba compases diferentes. Las pisadas melódicas, era como si lo llamaran. Impulso, un quejido, estaba oxidado, no, estaba vivo, quizá seguía muerto. Los recuerdos seguían entrando a su mente a raudales, pasando entre ellos un sonido y un olor podrido conectados que activaron su sangre. Se levantó casi de inmediato y sorprendió a su cuerpo quedándose quieto, sin tambalearse, y su cabeza dando vueltas, desorientada.
Los notaba cerca. Entrecerró los ojos, el viento rasgado traía el aroma putrefacto que su corazón recibió acelerando los latidos. ¿Dónde está mi guadaña?
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